El 11 de agosto no es una elección más. La ley electoral establece que ese día se celebran en el país las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). En ellas los ciudadanos debemos elegir entre varios precandidatos para presidente y legisladores nacionales. El nivel de polarización que tiene hoy la sociedad argentina hace que estas PASO sean algo más que una elección entre precandidatos. Desde mi punto de vista, en tres semanas se pone en juego dos modelos de país. La diferencia que haya entre los apoyos conseguidos por uno y otro modelo será determinante en la elección general de octubre, por ello es tan importante que los ciudadanos acudamos a votar y no dejemos pasar esta oportunidad que nos da la democracia.

Coincido con quienes sostienen que este proceso electoral es el más importante desde el retorno de la democracia en 1983. Sencillamente, porque se pone en juego qué Argentina queremos para los próximos 20 o 30 años. Como todos saben en Tucumán, personalmente apoyo al modelo que lidera el presidente Mauricio Macri, aunque sé que estos cuatro años no han sido fáciles para los argentinos. Creo que el sacrificio que muchos han hecho ha servido para sentar las bases de una Argentina más productiva, con más trabajo y más oportunidades. La reciente firma entre los países del Mercosur y los que integran la Unión Europea de un Tratado de libre comercio es un hecho histórico que, si se aplica con inteligencia, permitirá que Argentina no solo pueda exportar más los productos que ya viene colocando en los distintos mercados, además permitirá dar un salto de calidad en la producción de otros bienes para volvernos un país con una economía más competitiva.
Argentina es hoy un país que está saliendo de su encierro, que está dejando de ser una nación aislada. El kirchnerismo, que ahora vuelve disfrazado bajo la piel de un peronismo unido, sigue defendiendo los regímenes autoritarios con los que se alió hasta 2015, como Venezuela e Irán y no ha mostrado ninguna señal de arrepentimiento por haber roto relaciones con los países más prósperos del mundo que hoy están tendiéndole una mano a Argentina.

No sólo el modelo económico del país está en juego. También se definirá qué tipo de democracia queremos para nosotros y para nuestros hijos. La democracia plena conlleva, necesariamente, el respeto irrestricto de la división de poderes, de los valores republicanos.

El kirchnerismo se caracterizó, mientras ejerció el poder, por un aciago avance sobre el Poder Judicial con leyes como la mal llamada “democratización de la Justicia” o las normas que permitían nombran jueces subrogantes a amigos y entenados. Desde 2015, las causas de corrupción han tenido un avance nunca imaginado, sencillamente porque el poder político dejó de intervenir en los tribunales. Algunos votantes de nuestro gobierno exigen al presidente Macri ver a la ex presidenta Cristina Kirchner presa junto a ex funcionarios como Julio De Vido, José López o Amado Boudou. Pero nuestro gobierno no interviene en las causas judiciales, por eso mismo hay expedientes que incluso involucran a parientes del Jefe de Estado.

Desde el Congreso, hemos facilitado a la Justicia herramientas clave para que las causas de corrupción puedan evolucionar. Me refiero a leyes que instituyeron la figura del “Arrepentido”, hoy usada por jueces y fiscales en muchos expedientes, principalmente en el de la causa de los “cuadernos” de la corrupción K. Por supuesto que estas normas fueron rechazadas por el kirchnerismo en las dos cámaras, tal como sucedió con la ley de Extinción de Dominio, que buscaba recuperar lo robado por la corrupción.

La independencia de la Justicia sólo la garantiza el modelo de país que propone Juntos por el Cambio. Desde la oposición, su principal candidato, Alberto Fernández, ha lanzado frases polémicas justificándolas en el hecho de que es profesor de Derecho Penal en una universidad. La “revisión” de los fallos que hoy ponen en el banquillo de los acusados a su candidata a vice –Cristina Kirchner- o la propuesta del ex juez de la Corte Raúl Zaffaroni de sancionar una ley de amnistía a los “presos políticos”, son claras muestras de lo que este sector de la política argentina piensa sobre la democracia. Le digo a todos los tucumanos con una mano en el corazón: la democracia corre peligro si éstas personas llegan al poder y llevan a la prácticas estas ideas autoritarias y descabelladas.

Además, el 11 de agosto se pone en juego qué modelo de federalismo definirá la relación entre las provincias y el Estado nacional. Durante los 12 años de kirchnerismo, las provincias fueron tratadas como súbditas del poder central. La discrecionalidad con la que el matrimonio Kirchner manejó los recursos de todos los argentinos generó que haya amigos y enemigos, premios y castigos. Desde que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada, las provincias recuperaron muchos y cuantiosos recursos. La primera gran decisión que tomó la actual administración fue pagarle a los 24 distritos el juicio por la coparticipación que iba a la Anses que hicieron solo tres provincias: Córdoba, Santa Fe y San Luis. De este modo, Tucumán, que durante el kirchnerismo agachó la cabeza, se encontró con fondos genuinos que debió haber reclamado el peronismo que gobierna la provincia desde hace dos décadas. Además, todos los presupuestos nacionales fueron debatidos por los gobernadores, en especial el último, en el cual se votó una adenda al Pacto Fiscal de 2017. Hoy, las competencias que tienen la Nación y las Provincias están claras, pese a que algunos gobernadores siguen echándole culpas al gobierno nacional de falencias que son propias de su gestión local.

El federalismo no solo es la distribución de los recursos que se recaudan vía impuestos nacionales. También es el plan de obras públicas más grande de las últimas décadas en plena ejecución. Se trata de obras que se planifican, se licitan, se realizan y se culminan. La transparencia es clave y justamente por ello no hay más rutas sin terminar o que llevan a ninguna parte.

Por último, quiero advertir que el 11 de agosto los argentinos también deberemos optar entre aquel país que dejó crecer el narcotráfico, que permitió que los “dealers” se apoderasen de los barrios más humildes, y un país que decidió poner todas sus herramientas en el combate real de los narcos. Los números sobre los procedimientos realizados y drogas incautadas que tiene el Ministerio de Seguridad que conduce Patricia Bullrich son elocuentes.

Una Argentina integrada al mundo o un país aislado. Una economía competitiva o una economía atrasada. Una democracia plena, con instituciones sanas y una Justicia activa o un modelo político autoritario que avanza sobre los tribunales para darle impunidad a unos pocos. Un federalismo de abajo hacia arriba, en el que las provincias tienen voz y voto o una relación Nación-Provincias dominada por el látigo y la chequera. Un país que lucha contra el narcotráfico y pelea por la vida de todos los argentinos o un sistema político que acuerda en secreto con las mafias y deja crecer los peores flagelos mirando para otro lado. Lo repito por última vez: el 11 de agosto los argentinos debemos optar.


Sobre la autora Silvia Elías de Perez 

Nació la ciudad de Juan Bautista Alberdi, en el sur de la provincia de Tucumán, el 10 de mayo de 1964. Miembro de la Unión Cívica Radical, es senadora nacional por la provincia de Tucumán (período 2015-2019). Realizó sus estudios primario y secundario en la Escuela Normal Florentino, de su ciudad natal. En 1985, a los 21 años, se recibió de contadora en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (Unsta) y luego se especializó en administración de empresas.Es la presidente de la Comisión de Salud del la Cámara Alta Nacional, cargo que desempeña desde 2014 hasta el presente. Fue candidata a gobernadora en las últimas elecciones provinciales

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