La presidenta Jeanine Añez subió ayer aún más la tensión del gobierno provisional de Bolivia contra el Ejecutivo de Alberto Fernández, al que acusó ante el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas de encabezar un «acoso sistemático y abusivo» contra su país al apoyar las actividades de Evo Morales, que está refugiado en la Argentina.

Ayer, cuando estaba en el final de su presentación ante la ONU, de manera virtual como lo han hecho este año los mandatarios del mundo entero por la pandemia del coronavirus (el martes fue el turno de Alberto Fernández) arremetió de esta manera.

«No quiero terminar este discurso sin denunciar ante el mundo el acoso sistemático y abusivo que ejerce desde Argentina el gobierno kirchnerista contra las instituciones y los valores republicanos en Bolivia», empezó diciendo.

«No tenemos nada contra el noble pueblo argentino. Es más, es una nación que valoramos y queremos como se quiere a un hermano. No tenemos nada contra el peronismo, que valoramos como una tradición política», aclaró.

En su momento, la canciller Karen Longaric habia detallado ante Clarín la denuncia que su gobierno presentó ante el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, y ante el de la OEA, Luis Almagro. Allí acusó al gobierno de Fernández de «injerencia» en los asuntos internos de Bolivia, por entre otras cuestiones dar apoyo a la colectividad boliviana que vive en la Argentina, que está siendo movilizada por Morales.

Lo había dicho en un tuit el viceministro de Obras Públicas, Edgardo Depetri, y aunque en el Gobierno dicen que actuó de manera individual, la Cancillería emitió un comunicado anunciado la ayuda a la Comunidad boliviana, lo que no ha hecho en otros casos. El gobierno kirchnerista no reconoce al de Añez, que acaba de renunciar a ser candidata a presidente, por considerar que surgió de un golpe de Estado contra Evo Morales, pero el resto de los países de la región, salvo Venezuela, sí la reconocen.

Áñez arremetió ayer contra el gobierno de Fernández por amparar una conspiración «violenta» del ex presidente Evo Morales contra su gobierno.

«La tradición nacional popular impulsora de enormes logros en la modernización social de Argentina. Una tradición que conocemos en Bolivia, donde la revolución del 52, que es una revolución tradicional popular, propuso un extraordinario avance en igualdad y justicia social», dijo ayer.

«Tampoco tenemos encono alguno contra otros gobiernos como el de La Habana con el que no sostenemos coincidencias ideológicas pero sostenemos el debido respeto y la cortesía que marcan las relaciones entre dos estado soberanos y dos pueblos hermanos por la Historia. Pero el caso del gobierno argentino es distinto», agregó.

Contra el «populismo kirchnerista»
«¿Cuál es la autoridad que tienen para ofrecer impunidad a Morales ante casos tan graves como las investigaciones (…) en su contra por violaciones de Derechos Humanos, violaciones contra menores o complicidad en asesinato político?», dijo.

Y advirtió: «Sepa el populismo kirchnerista que la nación boliviana no es propiedad privada de ninguna casta. Somos un pueblo soberano y respetable. Bolivia se respeta. La democracia boliviana se respeta. El pueblo boliviano se respeta».

En los primeros tramos de su discurso se refirió al populismo. «América Latina, en general, no ha superado la amenaza autoritaria» y recalcó que «gente muy importante de la política permanece en esta tentación».

«Aceptemos que muchas de nuestras sociedades, viven el riesgo de acabar rendidas ante las nuevas formas del autoritarismo y la opresión. ¿Y cuáles son esas nuevas formas de autoritarismo que amenazan a varias de nuestras naciones? Sencillo. Son los proyectos del populismo caudillista y autoritario», manifestó.

Dio como ejemplo de esto los proyectos que, en su opinión, impulsan la toma de la vida pública «por parte del caudillo y su casta». «No se trata de partidos. Ni de Fuerzas Armadas. Ni de sindicatos. Ni de ideologías. No se trata de ninguna organización o institución que tenga que ver con una cierta idea del bien común», agregó.

«Estos proyectos, aspiran a que el caudillo y su casta logren la captura total del campo político, logren la captura total de la cultura, logren la captura total de la economía y en definitiva, logren la captura final de la libertad de la gente», afirmó.

Así las cosas, reivindicó otro camino para América Latina, uno «distinto y opuesto al del populismo». «Tenemos la opción de construir la convivencia política sobre la base de la tradición republicana, que es la tradición de la libertad. Ese es el camino que estamos construyendo en Bolivia. Es el camino para devolverle el poder a la gente. Es el camino para entregar el poder al Estado de Derecho», sostuvo.

Para ello, dijo, su gobierno está impulsando la celebración de elecciones «limpias y transparentes» para el 18 de octubre. «Las impulsamos a pesar de este populismo caudillista que intentó frenar y sabotear las elecciones con movilizaciones brutales violentas hace pocas semanas», argumentó.