Las restricciones impuestas en el contexto de la pandemia de coronavirus frenaron varios meses las negociaciones salariales y provocaron una interrupción en el ciclo de recuperación del salario real iniciado en enero. Para este año, se estima que la pérdida del poder de compra de los trabajadores rondaría el 3%. Mientras que el desempleo, ya en el segundo trimestre, habría alcanzado el 18,7% si se suman las personas que se quedaron sin trabajo y no pudieron salir a buscar uno nuevo.

Entre 2018 y 2019 la caída del salario real alcanzó el 14% en relación con el promedio de 2017, pero la tendencia comenzó a revertirse en enero, acumulando una mejora del 5% en el poder adquisitivo durante el primer trimestre de este año, especialmente de los trabajadores de menores ingresos, por el denominado “incremento solidario”.

Sin embargo, un informe de la consultora Ecolatina destacó que la irrupción de la pandemia y el establecimiento de la cuarentena postergó las negociaciones paritarias del año, por lo que esta mejora se fue erosionando lentamente frente a la inflación.

Durante el segundo trimestre, el más restrictivo del aislamiento, el incremento acumulado de los salarios registrados fue de sólo 0,5%, de acuerdo con los datos del estudio, y se lo adjudicó, por un lado, a la imposibilidad de operar en muchos sectores productivos, acompañado por el cobro del 70% del salario por parte de los trabajadores suspendidos.

Pero también por la «decisión de priorizar la protección del empleo, al menos en la rama formal de la economía, con la extensión de la doble indemnización y el pago de parte del salario por parte de estado (a través del ATP)”, precisó el estudio.

Como contrapartida, en el tercer trimestre, ya con una fase del aislamiento más flexible, se retomaron las negociaciones paritarias y los primeros en acordar fueron los sectores considerados esenciales, como camioneros, sanidad, bancarios, seguridad privada.

Le siguieron los sindicatos de trabajadores de comercio y metalúrgicos, entre otros, pero que acordaron aumentos por suma fija hasta fin de año o el primer trimestre del año que viene. “A diferencia de lo ocurrido a comienzos del año, esto parece responder más a las dificultades que están pasando las empresas que a un criterio redistributivo”, señaló Ecolatina.

De acuerdo con estos datos, en el escenario actual, los salarios formales habrían terminado el tercer trimestre con un incremento acumulado de casi 21%, prácticamente empatando en la carrera nominal a los precios, que se ubicó cerca del 22%.

“Como resultado de una recomposición adicional en sectores que todavía operan con restricciones (como la construcción o la gastronomía), las negociaciones en curso con estatales, y el pleno percibimiento de los salarios por parte de los trabajadores suspendidos (lo cual mejora el ingreso percibido), el salario real formal no sufriría un significativo deterioro en la última parte del año”, indicó el estudio.

No obstante, estimó que esta situación “no será suficiente para revertir la dinámica de los últimos años y, en promedio, exhibirá un retroceso cercano al 3%”, siempre que la inflación promedio mensual del último cuarto del año no superare el 4%, como consecuencia de un evento disruptivo en el mercado cambiario.

Además, Ecolatina señaló que “este año el deterioro de la masa salarial real será impulsado por la pérdida de puestos de trabajo (cantidades) y en menor medida por la caída del salario real (precios)”.

Al respecto, un informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano estimó que la tasa de desempleo real para el segundo trimestre del año llegaría a un 18,7%, en lugar del 13,1% informado por Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Argumentó que esto se debe a que el organismo registró un salto abrupto en la categoría de inactivos disponibles para trabajar, es decir, personas que perdieron su trabajo y no habrían podido salir a buscar uno nuevo, cuyo total representaría 1,3 millones de personas que, si se suman a los 2,2 millones que computó como desocupados, da un total de 3,5 millones de desempleados.

En el mismo sentido, el estudio indicó que la caída de un 47,1% a un 38,4% en la población activa, valor mínimo de la serie histórica analizada, muestra que hay un aumento de la población que no está ni ocupada ni desocupada y que son “los desocupados que, al momento de la encuesta, si bien no tienen ocupación, tampoco están buscando activamente trabajo”.

«No es de extrañar que esta categoría haya tenido un brusco incremento. ¿Cómo podían estar buscando trabajo si, por efecto de la cuarentena, no podían salir de sus casas?”, afirmó Víctor Beker, director del CENE y agregó que se trata de “desocupados privados de buscar empleo”.