La frustrada salida del ahora célebre subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, que Alberto Fernández y Martín Guzmán no pudieron concretar en la tarde del viernes agigantó la crisis política de la coalición de gobierno y dejó en un estado de máxima fragilidad al Presidente, que busca resolver el entuerto en los próximos días.

«Alberto decidió que Basualdo se fuera, pero no ya, si no dentro de unos días», aseguraron en las últimas horas a este diario fuentes oficiales, que no precisaron si Fernández buscará forzar la salida del funcionario esta semana o a la vuelta de la gira prevista para el 10 de mayo por Europa, que tendrá a Guzmán entre los pocos viajeros pero que en los últimos días sumó un asterisco en la agenda oficial por la grave situación sanitaria.

La decisión que el Presidente pretende ejecutar próximamente, y cuyo debate de fondo es la medular discusión interna por el déficit y la emisión monetaria, entra ahora en el campo de la duda. Es que el viernes, cuando Guzmán intentó hacer lo propio después de consensuarlo con el mandatario, y a través del secretario de Energía, Darío Martínez, Basualdo avisó al Instituto Patria y logró poner su renuncia en el congelador. El subsecretario es uno de los tantos funcionarios que responde a Cristina Kirchner. Y desde La Cámpora salieron a sostenerlo y dijeron que no iba a dejar su cargo.

«Para nosotros, ya está. Es un tema terminado», confiaron este domingo colaboradores de la vicepresidenta. Una señal unívoca de que el trabajo de respaldo K al subsecretario fue, por ahora, exitoso.

Como el Presidente, Guzmán quedó desde el viernes en una posición más que incómoda. «Insólita», según su entorno. «Se tomó una decisión basada en la necesidad de resolver un problema macroeconómico», insistían este domingo desde el Ministerio de Economía.

En plena negociación con el FMI, el ministro ajustició a Basualdo como una demostración más que explícita de su interés por meter mano en el desequilibrio económico a través del ajuste tarifario, es decir, en la rebaja de subsidios para tratar de empezar a reducir la emisión monetaria, que impacta de lleno en la inflación. «Si no se gestiona urgente, esto explota», subrayan cerca del ministro.

La inflación de marzo medida por el IPC fue del 4,8% según el INDEC: la cifra más alta de la gestión de Fernández.

A última hora del viernes, el gobierno publicó en el Boletín Oficial lo que, según Guzmán, debería ocupar el centro de la agenda: el incremento del 9% en las tarifas de energía eléctrica para los usuarios de la ciudad y el Gran Buenos Aires, el primer paso del plan que el ministro pretende diseñar con respaldo del Presidente, pero sin el permiso de la vicepresidenta.

Para el kirchnerismo, el aumento tarifario en el corazón del voto propio, es decir, el Conurbano bonaerense, el territorio de Axel Kicillof, es un tema crucial. Fue parte de la intensa conversación que Cristina Kirchner y Guzmán mantuvieron a fines de febrero durante un extenso almuerzo en El Calafate.

«Lo que no se dan cuenta es que a la elección no se llega emitiendo», advierten desde el Gobierno.

La bronca del ministro con Basualdo data de hace más de un año. En el entorno de Guzmán abundan en que el funcionario «estuvo un año y medio» sin armar un esquema de segmentación tarifaria y de «renegociación razonable con las empresas».

Para colmo, 72 horas después de una entrevista televisiva en la que Guzmán volvió a referirse al aumento de tarifas, el subsecretario declaró en un sitio especializado que una opción era que las tarifas de «Edenor y Edesur directamente pueden no aumentar».

El ministro no solo pretende la salida de Basualdo. Pidió en los últimos días avanzar con el tan ansiado programa de segmentación tarifaria con el que, agregan, también coincide el secretario de Energía, y que terminaría con otro aumento del 15% en algún pasaje del año. Martínez se debate entre el desequilibrio macroeconómico y su adhesión al kirchnerismo.

El ministro transita, en ese sentido, horas de zozobra. Una crisis inesperada. «En algún momento hay que gobernar. Hace meses que se discute esto», dicen sus colaboradores, que insisten, de todos modos, en que el funcionario mantiene la misma parsimonia de siempre: «Es un monje shaolin, ni siquiera levanta la voz», aseguran. El economista va a mantener un estudiado perfil bajo en estos días.

La zozobra de Guzmán no es sin embargo otra cosa que el desasosiego del Presidente.

A fines del año pasado, en el acto de La Plata, Cristina Kirchner había dicho que era necesario «alinear salarios y jubilaciones, precios y tarifas». Y que los ministros con «miedo» de ser funcionarios debían empezar a «buscar otro laburo».

Tres meses después, Fernández tuvo que cambiar a Marcela Losardo, su socia más íntima, y dejarle el Ministerio de Justicia a Martín Soria, un dirigente valorado por la vicepresidenta. El viernes, el jefe de Estado inauguró una nueva etapa de gestión, que implica, por ejemplo, la impotencia de no poder echar a un funcionario por decisión de la ex presidenta. La discusión no es Basualdo ni Losardo. La discusión es quién manda.