José Alperovich tiene 66 años, fue tres veces gobernador de Tucumán, es actual senador y hace una semana tuvo la bofetada judicial más fuerte de su vida: la Corte Suprema de Justicia de la Nación definió que la causa por abuso sexual en su contra salga de la provincia de Tucumán y siga siendo investigada en la Ciudad de Buenos Aires. Por estas horas, los fiscales se preparan para reiterar el pedido de indagatoria.

En algún el momento el caudillo pensó que la cuarentena le jugaría a su favor y que el país entero olvidaría los “deslices” que cometió en épocas de campaña electoral. Pero no. Ni los cargos, ni el poder político y mucho menos sus paseos arriba de camellos en Medio Oriente lograron liberarlo de una próxima indagatoria por el delito de abuso sexual agravado contra su sobrina y asesora de campaña.

Hagamos un poco de memoria (esa que no le gusta a los acusados y menos si son presuntos violadores). La denunciante dio a la justicia los detalles de al menos siete hechos de abuso sexual ocurridos entre el 2017 y el 2019 y así lo manifestó en una carta abierta. “Denuncié penalmente a José Alperovich por hechos de violencia sexual, física y psicológica contra mi persona, ocurridos tanto en Buenos Aires como en Tucumán. Al día de la fecha mi causa aún no tiene definida su competencia”, dijo en noviembre de 2020. Ese tema ahora quedó saldado y la justicia porteña avanza en el próximo paso procesal.

A fin de año, más precisamente el 30 de diciembre, los fiscales Santiago Vismara y Mariela Labozzetta, titular de la UFEM (Unidad fiscal especializada de violencia contra las Mujeres), pidieron la indagatoria de Alperovich por el delito de abuso sexual, señalando que los hechos se cometieron en un ámbito de intimidad donde no siempre es posible contar con testigos directos de lo ocurrido. “Por ello, las mujeres víctimas de esta clase de agresiones y abusos enfrentan grandes dificultades para denunciarlos”, dijeron.

Destacaron también que tanto el informe psicológico como las constancias médicas y las comunicaciones mantenidas entre las partes otorgaron “fuerza probatoria” a los dichos de la denunciante. Hicieron hincapié en la relación de asimetría de poder dada la posición que el caudillo ostentaba, no solo en la cuestión de trabajo sino a nivel provincial y nacional.

Además de la relación familiar, los fiscales tuvieron en cuenta la diferencia de edad (35 años), la situación de dependencia laboral y el hecho de que Alperovich es un político con gran influencia dado que gobernó durante años la provincia de Tucumán.

Los fiscales concluyeron su acusación solicitando la indagatoria porque los hechos que le imputaron “se enmarcan en un contexto de violencia sexual, intrafamiliar y acoso laboral por razones de género”. A una semana de la decisión de la Corte Suprema, insistirán con la acusación y pedirán fecha para indagarlo.

En Tucumán, el caso se volvió un tema tabú. Ni siquiera el abogado de la víctima hace declaraciones. Intentamos comunicarnos en ocho oportunidades con el abogado Ricardo Santoro. Su silencio no hace más que dar cuenta de la sordidez que hay alrededor del tema y el nivel de soledad y desamparo que la joven debe estar sintiendo por estas horas.

Las únicas que hablan con los medios son sus voceras: Celina de la Rosa y Milagros Mariona. Con tono amable tampoco quisieron decir mucho. Tienen todas las expectativas puestas en la justicia porteña y prometen hablar una vez que se logre el procesamiento. ”Esperamos que ahora sí avance la causa y lo indaguen lo antes posible. Se ha recolectado mucha prueba y la víctima, a quien estamos conteniendo todos los días, fue muy solida en la acusación”, dijeron.

El rey está desnudo

Alperovich dejó de ser intocable y su futuro es negro, inversamente proporcional a sus aspiraciones políticas. Mientras la causa se mantuvo en su feudo, Tucumán, logró un manto de impunidad donde nadie habló del tema, al menos no públicamente.

El jinete de camellos, a quien también investigan por el robo de 3500 vacas, tiene ahora un solo objetivo: patear la causa para adelante y asegurarse que, de explotar cualquier bomba, sea luego de las elecciones.

Increíble pero real: así razona gran porcentaje de la casta política. Nada es más importante que ganar una elección, ni siquiera que te acusen por una violación. La política siempre está ante todo. La basura queda bien escondida debajo de la alfombra y esbozamos una sonrisa de cartel electoral. Alperovich casi lo logra, pero la Corte Suprema convirtió su futuro político en un túnel negro sin horizonte.

Por ahora el caudillo continúa integrando la Honorable Cámara de Senadores de la Nación. Habrá que ver hasta cuando los senadores y senadoras seguirán siendo cómplices, prolongándole las injustificables licencias. ¿Acaso ellos tampoco quieren darse cuenta que finalmente el rey está desnudo?

Fuente: TN.