Florencia no quiere convertirse en otra Paola Tacacho, la profesora de 32 años asesinada por un exalumno que la acosó durante años antes de matarla en 2020. Ella también es profesora de inglés, tucumana, y un alumno la acosa y la hostiga hace más de cuatro meses. No hay respuesta de la Justicia. Recibe mensajes anónimos de WhatsApp que le hablan de sus fotos en Facebook; llamados insistentes de números privados; sufre el hackeo de sus cuentas periódicamente; y completos extraños ingresan a su edificio. Debió cambiar el celular cuatro veces.

En febrero de este año, una autoridad del colegio en el que trabajaba le preguntó a Florencia si podía darles clases particulares de inglés a una persona de confianza: esa persona era César R., un joven de 27 años. La primera y única clase fue en formato “on-line” y se concretó el 18 de febrero. César R. no tenía de Florencia más que su número de WhatsApp. Sin embargo, al día siguiente se presentó en la puerta de su edificio y le preguntó cuál era su piso, para supuestamente entregar un material.

Comenzó un acoso constante. “Un infierno de hostigamiento”, como lo describió Florencia. Llamados desde distintos teléfonos, mensajes insistentes, fotos. César le insistía con pagarle la única clase que habían tenido, pero presionaba para hacerlo en persona con la supuesta excusa de que no funcionaban las transferencias. Lo que menos quería la docente era el pago de la clase.

Florencia decidió hacer la denuncia. Y entonces comenzó a recibir un acoso aún mayor. Además de los WhatsApp, los llamados reiterados, los hackeos de sus cuentas, recibía mensajes que se hacían pasar por equivocados: la llamaban por otro nombre y le avisaban en qué calle o en qué lugar estaban. Curiosamente, siempre eran lugares a metros de donde ella se encontraba en ese momento.

La familia del denunciado pidió desestimar la denuncia y alegó que César tenía problemas mentales y era inofensivo. La familia del hombre es un punto clave en esta historia. Su padre es un abogado, expresidente del Tribunal de Disciplina del Consejo Federal de AFA. Renunció al cargo tras un escándalo arbitral en un partido supuestamente arreglado. También es un hombre de importante carrera política ligada al peronismo en Tucumán, entre otras cosas, como legislador local.

“Nunca fue llamado a declarar por el fiscal y nunca se le hizo una pericia oficial. El fiscal archivó la causa a partir de certificados médicos particulares. Archivó la causa sin importarle el informe del Ministerio Público Fiscal y la pericia psicológica que me hicieron y que advertían que soy un caso de altísimo riesgo. El fiscal desestimó los videos de las cámaras de seguridad del edificio porque, dijo, no tenía recursos humanos para hacerlo, cuando le llevé sólo 20 minutos cortados de la grabación”, dice Florencia.

La denuncia fue presentada el 25 de febrero, ante Unidad Especializada en Violencia Familiar y de Género II. El fiscal a cargo se llama, Gerardo Salas. Según cuenta Florencia, Salas le dijo que tenía las “manos atadas”, y a menos que un mensaje o un acto de acoso proviniera claramente del mismo César R., él no podía hacer nada. Los hackeos insistentes, los mensajes y llamados anónimos, se tratan, para él, de “errores que le pasan a cualquiera”.

No terminó allí la sorprendente actitud del fiscal: Salas le recomendó que compre un gas pimienta, y si no, tramitara la portación de armas para protegerse. Ella salió con un ataque de nervios. ”Ahora pienso que me lo dijo para criminalizarme a mí”, afirma.

“Yo era una persona activa, sin miedo. Me quebraron, me quebraron psicológicamente, me reventaron la vida. No veo a mi familia para no involucrarla en esto. No voy a su casa para que no marquen la casa de mi familia. Decidí que si me pasa algo, que me pase a mi, no a ellos”, cuenta Florencia, y recuerda uno de sus peores momentos: “Sentada en el piso llorando, agarrándome la cabeza, pensando ¿Cuánto más? ¿Cuánto más? ¿Cuánto falta?”.

La causa se archivó, pero Florencia vive con custodia policial permanente y decidió volver el caso lo más público que sea posible y exponerse, por miedo. “Si esto queda en Tucumán, queda en la nada”, advierte.

Ella y sus abogados lograron este viernes un audiencia para desarchivar el caso.

Florencia sufre hoy ataques de pánico. “Son las 7 de la tarde, se hace un poquito de noche y no puedo asomar la nariz a la calle, del pánico que tengo. La medicación que tomo afecta mi trabajo, ahora debo trabajar a la tarde, porque no puedo despertarme”, dice.

 

FUENTE: TN