¿Dejamos de comer asado?

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Es muy común en esta época de «vacas flacas» escuchar la frase, ¡Hace mucho que no comemos un asado! El consumo de carne vacuna en Argentina está en niveles históricos de los más bajos unos 51 kilos por persona por año (consumo aparente) Sin embargo cabe la pregunta, ¿Acaso dejamos de comer carne por cambio de hábitos gastronómicos o se debe a un ajuste en los gastos de los consumidores? La ingesta de proteína animal tan necesaria para una buena y variada alimentación se compensa con el consumo de carne de pollos y en menor medida de cerdos que crecieron en sus niveles de décadas atrás.

Si analizamos cómo consume el argentino la carne de pollo descubrimos con sorpresa que el 70% de la forma en que se consume en el país este producto es en presas, se convirtió en un commoditie de consumo masivo similar al arroz, farináceos o polenta, un agregado a la dieta que sustenta el plato diario.

La apreciación por parte del comprador de carne es hacer asados como placer, esperar ese momento especial para disfrutar de una buena carne, aunque en estos tiempos más espaciados siempre se vuelve al primer amor, sin dudas para la mayoría del pueblo argentino la carne vacuna. Para la ganadería no es un dato menor, incluso para la Agricultura del Noa es crucial que se vende más novillos y a partir de una mejora en los precios producto de mayor capacidad de pago de la población.

Los feedlots regionales generan trabajo en toda la zona, son demandantes de terneros de los campos de cría, demandan insumos agrícolas como el maíz y soja, demandan apoyo logístico de insumos y maquinarias, además de proveer a la industria frigorífica regional.

Como podrá apreciar el lector, una simple frase de expresión de deseo acerca de un menú tan sentido a la cultura popular argentina entraña una poderosa interrelación sinérgica entre muchos actores de la economía, agrega valor y trabajo genuino.

 

Por Carlos Federico Kohn

Docente Universidad San Pablo T

Magister Agronegocios Universidad Austral