Eric Ritondale – Econviews

Eric Ritondale (Econviews) no tiene una visión optimista. “Hay dos señales que serían clave”, dice. Por un lado, “firmar una Ley de Responsabilidad Fiscal con el Congreso y gobernadores, con compromiso de corto y mediano plazos y que incluya la prohibición de emitir deuda en moneda extranjera para financiar déficit, aunque se pueda para rollear deuda vieja”.

Por el otro, “una reforma a la Carta Orgánica del BCRA que prohíba el financiamiento monetario del Tesoro, acordar con el FMI nuevo programa que incluya un nuevo perfil de vencimientos, obviamente y una oferta de canje voluntario para la deuda de ley local”. Según Ritondale, “si todo ese programa sale bien, el canje de la deuda en ley extranjera podría no ser necesario”.

El problema no menor, explica, es que hay muy bajas chances de que eso ocurra. “Por eso, espero un 2020 peor para Argentina y una nueva caída de la economía”, admite. Además, agrega que, si no median definiciones rápidas, podría haber un nuevo default, “con muchos años sin crédito externo y un dólar más alto que el actual”.

Martín Tetaz – Economista

“El problema principal, hacia 2020, es que Argentina terminará 2019, dependiendo de lo que suceda en diciembre, con un déficit primario de 0,5-1% del PIB y, por ende, con un un déficit financiero de entre 4% y 4,5% del PIB”, dice el economista Martín Tetaz. “El Programa Financiero de 2019 está cubierto, pero el de 2020 ya no luce tan fácil, sobre todo los vencimientos de deuda. Cualquier reperfilamiento que quiera hacer el Gobierno, tardará un año y demandará, además, un nuevo acuerdo con el FMI. Recién después de eso, saldrá a ofrecer un canje voluntario para que vayan entrando los inversores. Si bien los vencimientos no son muy altos (cerca de US$ 10.000 millones), si no hay acceso a los mercados, obligarán al nuevo Gobierno a tener un superávit aún mayor. Es decir, el ajuste fiscal deberá seguir. O, en cambio, financiar una porción más grande de ese Programa Financiero con más emisión monetaria. Teniendo en cuenta las promeses de campaña, el panorama y las perspectivas de crecimiento no son muy auspiciosas”, agrega en diálogo con El Economista.

“El equilibrio macroeconómico se define en lo fiscal, pero también en la cuestión externa y allí también hay dudas. La calma del tipo de cambio dependerá de que la cuenta corriente se estabilice con el nivel de dólar actual pero, por otro lado, no sabemos cuan superavitaria o deficitaria será la cuenta capital, lo que dependerá de las condiciones de la eventual renegociación de la deuda. En otras palabras, no queda claro que el balance de pagos se vaya a estabilizar”, expresa. “Eso determinará también la dinámica fiscal porque es clave que la deuda en dólares no sea muy grande. Si el dólar se va a las nubes, el gasto en pesos también se dispara. En cualquier caso, se necesitará un superávit fiscal significativo. Veremos cómo lo consiguen”. Tetaz aclara, sin embargo, “que el 2020 es ciencia ficción y el Gabinete de Alberto Fernández puede ir desde Guillermo Nielsen hasta Juan Grabois”. Recién en los primeros meses de 2020, concluye, “tendremos un panorama más claro”.

Bárbara Guerezta Arriazu – Macroanalistas

“El próximo Presidente recibirá una economía indexada y en recesión, con una profunda crisis de confianza, con cepo cambiario, sin acceso a financiamiento y con un leve déficit fiscal primario, y con un acuerdo todavía vigente con el FMI”, dice, a modo introductorio Bárbara Guerezta (Arriazu Macronalistas). “El mayor peligro en el que puede incurrir el próximo Gobierno es el de tomar medidas pensando solamente en reactivar la economía, desconociendo las demandas que tienen los argentinos y extranjeros sobre la situación fiscal. Cualquier medida económica que busque solamente expandir el gasto público sin contar con financiamiento genuino que no sea la emisión monetaria se chocará de golpe contra la restricción presupuestaria y nos puede dejar en las puertas de una aceleración de la inflación rápida y severa”, advierte. Por lejos, ahonda, el mayor esfuerzo debería estar enfocado en recuperar la confianza para desincentivar la dolarización de portafolios y recuperar la monetización de la economía. “Desde un punto de vista macroeconómico, los fundamentos económicos al día de hoy (incluso con el cepo) son mejores que hace cuatro años, pero la crisis de confianza podría conducir a la economía a un proceso de sobreajuste, como el que vivió el país en 2002”, señala.