Como un vientito fresco en el alma

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Hace dos años y monedas, una mujer aparecía en la pantalla del Tribunal Oral Federal para brindar su testimonio en el juicio que, finalmente, terminó condenando al Clan Ale. Esta historia es sobre lo que le pasó después, sobre por qué todavía no puede usar su nombre y por qué sus hijos siguen escondidos. ¿Es por los Ale?

Ya no. Ahora es por el Estado.

Tiene un nombre precioso, pero no puede ser pronunciado. Ni escrito ni agendado, a veces siento que lo olvido pero después me vuelve a la memoria porque suena a dulce y a vientito fresco. Se lo dieron al nacer y lo usó hasta pasados los 30 años.

Ahora se llama «Testigo F081014».

F081014 sobrevivió al infierno de la trata de personas pasando por, al menos, dos dueños y, calculo, miles de «clientes». Me resisto a llamarles clientes, son personas que pagan por abusar de mujeres.

Una vez liberada, tenía dos opciones. Una era permanecer en Tucumán y no hablar. Mientras ella se mantuviera callada, nada le iba a pasar. La otra era colaborar con la Justicia, brindar testimonio contra sus tratantes y sellar su condena a muerte.

El Estado le pidió que tome la segunda y, a cambio, le ofreció todas las garantías que el Programa de Protección de Testigos.

Y acá viene la parte sorprendente ¿cómo funciona el Programa? ¿Es como en las películas de Hollywood, es lo que vemos en Netflix?

Spoiler alert: NO.

Por la gravedad de las amenazas en su contra, a F081014 y a sus hijos los sacaron de la provincia y les dieron nuevos DNI, con identidades falsas. Le pusieron custodia de Gendarmería y le asignaron un operador del Programa.

Se llamaba Gustavo Torrent. Retengan este nombre.

Pronto, ella se dio cuenta de que su nuevo DNI casi no servía para nada. Donde sea que lo presentara, saltaba que esa persona no había existido antes, no estaba ingresada en el sistema de Salud, no tenía historia de ningún tipo. Era como un fantasma recién aparecido.

Este y otros inconvenientes eran los que ella le transmitía a Torrent, su operador. Él era su vínculo con el Programa de Protección de Testigos y la única persona de su entorno que sabía quién era en realidad y los peligros que corría. Torrent no elevaba estas inquietudes.

El aislamiento de F081014 era casi total cuando Torrent comenzó a acosarla, intentar besarla y tocarla en sus partes íntimas. Y ella, que venía de años de creer que cualquiera que pusiera un par de mangos la podía manosear y violar, se dio cuenta de que algo andaba mal.

Lo denunció. Era el año 2015, yo todavía no la conocía pero la imagino andando el camino doloroso, confuso, tortuoso que es liberarse mentalmente de la trata de personas y asumir que el cuerpo propio es de una. Y que nadie más que una tiene derecho sobre él.

Así que lo denunció.

No fue fácil, porque ella no tenía acceso a las autoridades del Programa. Aún así, llegó hasta el director, que se llamaba Darío Díaz y le planteó lo que le estaba haciendo su operador.

¿Quieren saber la respuesta que recibió?

«Me dijo que yo tenía que comprender porque, pobre Gustavo, se había enamorado de mí», cuenta ella en un audio que, más abajo, podrán escuchar. La situación parecía no tener salida. A menos que cambiara la gestión. Y en diciembre de 2015, el director se fue.

Ante la nueva gestión nacional ella reactivó la denuncia contra Torrent. Apenas llegó a un sumario administrativo que se cerró por falta de pruebas.

Así Torrent, que había entrado como funcionario al Programa en 2009, acababa de sobrevivir al cambio de gestión y a la denuncia.

Hasta que se se supo lo obvio: F081014 no era la única. Denuncias similares de testigos protegidas (la mayoría por trata) llegaron a la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA), que dispuso la investigación del operador. Las alertas también llegaron de la Protex

Fue la periodista Virginia Messi quien sacó esta historia macabra a la luz, reunió los diferentes testimonios e investigó una de las áreas del Estado más difíciles de conocer, por la sensibilidad de los datos que maneja. La publicó en el diario Clarín. Hace una semana, los periodistas Nicolás Pizzi y Omar Lavieri reconstruyeron para Infobae quién es el funcionario y anunciaron que lo habían corrido del Programa.

Está bien. Finalmente la escucharon. Pero ¿Cómo es hoy la vida de F081014? Renunció al Programa en 2017, en pleno juicio a los Ale, cuando más miedo tenía. Y les cuento por qué.

A F081014 le intentaron secuestrar el hijo, cuando iba a la escuela. Ella ya había visto esa camioneta rondando la casa y le avisó al Programa, con patente y todo, pero le dijeron «bueno, andá a hacer la denuncia».

Pero ¿cómo explicás en una comisaría, con un DNI falso, por qué te está siguiendo una camioneta sin revelar tu verdadera identidad y los motivos por los cuales te siguen? Finalmente, un día, bajaron de la camioneta e intentaron agarrar al adolescente, que luchó y se escapó.

Otra vez, al mismo chico lo pararon en la calle desconocidos y le dijeron «Vos sabés que tu mamá está muerta ¿verdad?».

Pero lo más increíble ocurrió unos días después de que ella declarara contra los Ale, por videoconferencia, en el juicio que se les siguió en Tucumán.

Recuerdo la furia del Mono Ale cuando, en pleno juicio, se encendió la pantalla y la vio a ella. Armó un escándalo, tuvo que intervenir el servicio penitenciario.

Al día siguiente de ese escándalo, el Tribunal le revocó la prisión preventiva a los Ale. Ahora estaban libres y acababan de escuchar, envueltos en ira, cómo el testimonio de ella los hundía en el juicio en su contra.

Aunque parezca increíble, después de liberar a los Ale, el mismo Tribunal le retiró a F081014 la custodia de Gendarmería. Era sábado a la tarde, no había a quién llamar. Hubo personas que movieron cielo y tierra en esas horas para que vuelva a tener custodia. Buena gente.

Pero al fin de semana siguiente le volvieron a hacer lo mismo: le volvieron a retirar la custodia. Otra vez a mover cielo y tierra para que se la repongan.

Ya fue demasiado. F081014 se dio cuenta de que el Estado no tenía intenciones de cuidarla. Renunció al Programa.

«¿Por qué no dejás todo y te vas a vivir a otro país?», le pregunté entonces. «Porque me retuvieron los DNI, el mío y el de los chicos, no podemos salir del país», me contestó. Durante varios meses, no recuerdo cuántos, estuvo batallando para que le devuelvan su DNI original.

El problema es que en su trabajo figura con su nombre falso, así que el precio a pagar por recuperar su identidad es quedarse en la calle, ella y sus hijos. Pero lo que les espera a los chicos es peor. Los nenes estuvieron este tiempo yendo a la escuela con su nombre falso. Ahora, al volver a su verdadera identidad, no se le computan los años que cursaron con el otro nombre. Esa es una batalla que F081014 todavía está librando.

El otro día, el papá de F081014 estuvo grave de salud. Ella no pudo verlo porque no puede volver a Tucumán. Nunca más en la vida, no puede pisar esta tierra. Lloró por su papá a la distancia.

¿Está arrepentida de ese momento en que decidió colaborar con la Justicia en lugar de quedarse callada? Yo creo que sí. Creo que, además de conservar su identidad y la de sus hijos, de tener el derecho de vivir cerca de su familia, hasta podrían haberle comprado el silencio. Aun así, pudo haber renunciado al Programa y tratar de reconstruir su vida como pudiera, escondida, en silencio para que no la maten. Pero entonces decidió emprender otra batalla, esta vez, contra el Estado.

Sólo ella y un puñado de gente sabe cuántas puertas tocó, ante cuántos funcionarios denunció lo que ocurría en el Programa, cuántas veces fue a la Justicia, cuántos organismos oficiales conoció. Yo, honestamente, perdí la cuenta.

Una vez me mandó una tarjetita con un regalo. La tengo pegada en la puerta de mi departamento, de espaldas a la computadora. Cuando siento que todo es demasiado, que la vida es muy difícil y compleja, me doy vuelta y la miro y pienso en ella. Y siempre me digo que si ella pudo, yo también, cómo no voy a poder. Que mis pequeños infiernos son nada a la par de los suyos y que siempre, cuando se es de buena madera, siempre se puede hacer lo correcto.

Desearía que la historia le reserve unas páginas, porque su vida inspira a los demás. Pero el sistema es tan injusto que, hasta el día en que ella muera, no podremos pronunciar siquiera su nombre.

Y es tan hermoso, es como un vientito fresco en el alma.

Por Mariana Romero – Periodista

Actualmente cubre policiales para varios medios de comunicación

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