El hilo, por lo más delgado

La hipótesis que maneja la Fiscalía sobre la Tragedia de Lamadrid excluye un factor decisivo: la ruta no tenía una sola señalización que advierta la curva cerrada que se llevó la vida de los 15 abuelos

0

Un siniestro vial casi siempre obedece a lo que, comúnmente, se llama “falla humana” y la Tragedia de Lamadrid no es la excepción. El problema suele ser que el error, por lo general, es de más de una sola persona, aunque la Justicia tienda a cerrar causas en torno al eslabón más débil de la cadena de responsabilidades: el chofer. Y, cuando ello ocurre, al resto de la población no le queda otra más que rezar.
El chofer que manejaba el micro que volcó el lunes en Tucumán se llama Cristian Salinas, vive en San Juan y resultó gravemente herido en el hecho. No iba alcoholizado y estaba autorizado para conducir el vehículo, que también estaba habilitado mecánicamente y con un listado de pasajeros también acreditado. A 48 horas del siniestro, quedó imputado por homicidio culposo agravado. Culposo significa que no tuvo la intención de matar y el agravante se da porque hubo más de una víctima mortal. En este caso, fueron 15, una verdadera masacre.
El fiscal de la causa, Edgardo Sánchez, consideró que Salinas condujo de manera antirreglamentaria e imprudente el colectivo, que no bajó la velocidad al ingresar en la curva fatal. El investigador agrega que, al darse cuenta de que debía girar, dio un “volantazo” que provocó el vuelco del vehículo. Una vez derribado, la inercia hizo que se desplazara por el pavimento hasta terminar fuera de la ruta. La pregunta que cualquier ciudadano que espera justicia se hace es ¿por qué? ¿Por qué el conductor no disminuyó la velocidad en la curva? ¿Lo hizo simplemente porque conducía mal, de manera imprudente? ¿O porque no sabía que se venía una curva?
La respuesta a esta pregunta no puede provenir sólo del sentido común. Tiene que estar basada en pruebas y, para ello, es necesario analizar las circunstancias en las que ocurrió el accidente. Y la primera a analizar es la niebla. El fiscal sostiene que sí había neblina en ese momento en la ruta, pero no era tan densa como para impedirle la visibilidad. Y basa esta hipótesis en las declaraciones que tomó a los sobrevivientes, personas en shock, aquejadas por el dolor físico y espiritual de haber perdido a sus amigos. Ancianos que vivieron un verdadero infierno adentro del micro. Porque, hay que decirlo, el panorama adentro de esa tumba metálica fue mucho más espantoso de lo que el buen gusto y el respeto permiten publicar.
Pero hay un detalle que no debe ser pasado por alto: la fiscalía no interrogó a los rescatistas. Periodistas que llegaron al lugar apenas ocurrido el accidente y vecinos que se acercaron a salvar a los sobrevivientes dijeron a la prensa que la niebla era intensa. Una médica que pasó por el lugar media hora antes del siniestro contó también que la visibilidad era casi nula: “la niebla era espantosa y no se veía nada”. Ante la pregunta de la prensa, en video conferencia, Sánchez no descartó que en un futuro se tomen estas declaraciones.
La niebla es un factor climático imposible de evitar. Por eso, en materia vial, se toman recaudos para esta eventualidad. Uno de ellos es la correcta demarcación de los límites laterales de la ruta y de la línea central. Los faros rompe nieblas apuntan al pavimento, que es la referencia más cercana que tiene el conductor cuando la visibilidad está reducida, y las líneas del pavimento lo van guiando. Aun así, es necesario que el chofer reduzca la velocidad. Más aún si nota que esas marcas no se distinguen correctamente. Y, en el caso de la ruta provincial 308, esas líneas directamente no existen.
La segunda circunstancia a analizar es la señalización con cartelería. Las curvas cerradas deben ser anticipadas en letreros ubicados en lugares visibles y con flechas, para que el conductor esté prevenido de lo que vendrá. Pero en el caso de la 308 esos carteles tampoco existen.
Sin embargo, ningún funcionario estuvo sentado junto al chofer Salinas el miércoles a la mañana, cuando el fiscal expuso su hipótesis del hecho y le imputó los homicidios. Durante la conferencia de prensa que dio minutos después a periodistas de la capital tucumana, se mostró esquivo a la hora de responder si la señalización (cartelería y pintura en el pavimento) existían.

La respuesta debió ser una, directa y simple: “No”. Es un hecho no opinable, está ahí, a la vista de cualquiera. No hay señalización.

Sin embargo, el fiscal evitó dar este dato fundamental. Pese a la insistencia de los periodistas, nunca dijo “No, no hay señalización”. A continuación se transcriben literalmente sus palabras. “Hay sectores, dado que acá empalma una ruta nacional con una provincial, hay sectores en los que hay cartelería y señalización y hay tramos en los que no los hay. Eso lo vamos a investigar y lo vamos a poner a consideración de los jueces en su momento como información útil para la investigación”, dijo.

Entonces, un periodista le pidió que sea específico: “en la zona de la curva ¿hay alguna señalización que sea visible y concreta y que la puedan observar todos los automovilistas?”. Y la respuesta del funcionario fue “en la curva misma no hay señalizaciones, porque las señalizaciones, en ese sentido, suelen colocarse antes, anticipando una curva, para que exista una maniobra de precaución. Tenga en cuenta que este es un empalme y también hay una dársena; son dos las rutas que se unen y tienen diferente configuración para la maniobra de ingreso a la otra ruta. Cuando uno circula por 157, para ingresar a la 308 hay una dársena, que desvía el tránsito hacia la mano derecha, gira una curva y atraviesa la misma ruta 157. En cambio, si uno circula por 308, al llegar a la zona de empalme, la 308 se abre en dos brazos, uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda que permiten empalmar. Eso es algo que se puede verificar, por ejemplo, con la aplicación de Google Maps, con citar las dos rutas y muestra claramente el dibujo de cómo es la configuración en ese lugar”.

Y acá es donde el hilo se corta por lo más delgado y donde puede estar la respuesta a la pregunta que nos hacemos todos: ¿por qué? ¿Cómo pudo haber sabido el chófer que, de pronto, se le venía encima una curva cerrada si no podía ver por la niebla, el pavimento no estaba pintado y no había un solo cartel que se lo advirtiera? Si no tenemos en cuenta estas circunstancias, el porqué del accidente cierra perfectamente para los funcionarios provinciales: fue por imprudencia del chófer.

La Provincia no tendría que dar una sola explicación si se hubiera ocupado de lo básico: la señalización, especialmente, si en la zona suele haber niebla. De hecho, sobre la 157 (ruta nacional) sí hay cartelería y pintura asfáltica, pero el micro venía por la 308, que es provincial.

En cambio, si la Justicia toma en cuenta este hecho indiscutible -que la ruta no tenía ninguna señalización- los funcionarios encargados del mantenimiento tendrían que sentarse a dar explicaciones. Especialmente, en un empalme en el que ya hay tres grutas con sus respectivas cruces. Representan a tres muertos previos en accidentes viales en ese mismo sitio. Si en los próximos días se suman 15 cruces, el lugar quedará parecido a un cementerio.

La imputación del chófer Salinas no podía no hacerse. Ello hubiera significado prácticamente el cierre de la investigación. Salvo una catástrofe natural o una desgracia visiblemente inevitable –que le caiga un rayo, que otro vehículo lo embista, que se hunda el pavimento bajo las ruedas- los conductores suelen ser imputados. Sin embargo, no alcanza. La investigación debe respondernos por qué el conductor no tomó la curva y volcó. ¿Fue solo imprudencia o no tenía forma de saber que venía una curva cerrada? Si la respuesta es la segunda, algún funcionario deberá responder.

Por ahora, no. La hipótesis del Ministerio Público no incluyó la falta de señalización como factor determinante en el siniestro. El fiscal no descarta hacerlo, dice que “va a esperar el informe técnico de los peritos accidentólogos para que expliquen qué tipo de incidencia pude haber tenido eso con respecto a la maniobra y al vuelco. Mientras no tengamos esa información no vamos a hacer ningún comentario al respecto”, detalló.

Sin embargo, el historial de la Justicia en nuestra provincia no nos ofrece antecedentes de independencia respecto del poder político. En 2014, un puente peatonal inaugurado tres años atrás se desplomó bajo los pies de un muchacho con retraso madurativo, que cayó al canal sur y cuyo cuerpo jamás fue hallado. La pseudo causa que se abrió tras este hecho no incluyó, en ningún momento, la investigación más básica de las responsabilidades de los constructores y los inspectores del puente. Franco Núñez continúa desaparecido y ningún funcionario recibió siquiera una citación para explicar por qué una obra pública se construyó de tal manera que estaba destinada a desplomarse a los 3 años, a costa de una vida. En ese mismo verano, se cayeron 13 puentes más y, en el de Lules, murió un motociclista. Nunca nadie fue citado a declarar.

Tampoco prosperaron en la Justicia otras causas de presunta corrupción: la de las valijas de la Legislatura, la del Plan Más Cerca, la de Argentina Trabaja, la de la polenta podrida, la del Cepla, la de peculado por el avión sanitario, las de enriquecimiento ilícito, la de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo (DAU) y las de clientelismo y fraude jamás llegaron a sentencia y duermen en los cajones de los funcionarios judiciales.

Quizás la Tragedia de los Abuelos sea el punto de inflexión para esta porfiada costumbre judicial de no posar jamás la vista sobre un funcionario. Quizás el dolor del pueblo mendocino y el tucumano, de los ciudadanos de a pie, de los que salvaron decenas de vidas esa mañana monstruosa en Lamadrid, de los que piden desde hace décadas un cartel en ese cruce de la muerte, quizás el pedido de tantas familias de que esto no suceda nunca más conmueva a nuestra Justicia y la historia cambie. Quizás así, la muerte de estos 15 abuelos no habrá sido en vano.