Gianluca y Santino nacieron unidos por los genitales, los sistemas urinarios y digestivos, pero tan solo con ocho meses de vida fueron operados para separarse. La intervención duro 9 horas y contó con 44 profesionales de la salud.

A los siete meses de embarazo, Evelyn y Jonatan Figueroa se enteraron que estaban esperando bebes siameses. Desde ese entonces comenzaron a preparase para lo que vendría.

El 20 de Septiembre del 2018 nacieron Gianluca y Santino, con 1,8 kilos y no les fue fácil llegar a termino con la fecha ya que el cuello uterino de la mamá se había acortado por lo que fue necesario colocarle un dispositivo intravaginal llamado pesario de Arabin.

Los especialistas se enfocaron en que pudieran crecer en la panza y madurar lo máximo posible para poder soportar la intervención que ya desde aquel entonces era diseñada. La separación fue el 22 de junio y en ella tuvieron que separar los aparatos digestivos y urinarios, conservar los músculos, respetar la anatomía y restituir las zonas afectadas de ambos bebés.

“El post quirúrgico fue bastante sencillo, lo más difícil y complejo ya había ocurrido. La mamá resaltaba que Gianluca extrañaba al hermano y que Santino sentía que se había sacado un peso de encima. Esta observación se debía a cómo ellos estaban unidos y cómo sentían la presencia del cuerpo del otro. Debido a la posición por la que estaban unidos, uno sí lo registraba y el otro no», contó Alejandra Lafont, jefa del Servicio de Pediatría de la Fundación Hospitalaria.

Fuente: La Nación